Los estudios que relacionan el cáncer de mama con los desodorantes huelen a podrido, según los expertos
Los expertos en cáncer muestran su descontento por dos estudios recientes que relacionan el uso de desodorantes con el cáncer de mama. Afirman que las conclusiones a que han llegado tales estudios son erróneas.
Un bulo que se distribuyó por correo electrónico en los años 1990 sugería que las sustancias químicas que se encuentran en los antitranspirantes pueden provocar cáncer de mama, y en poco tiempo se estableció como leyenda urbana. Un estudio de 1.600 mujeres llevado a cabo en el año 2002 descubrió que el uso de desodorante -ya sea tras el afeitado o no- no está relacionado con el cáncer de mama. Sin embargo, los desodorantes siguen relacionándose con el cáncer de mama, en parte por que los factores medioambientales contribuyen al riesgo, afirma Patrick Borgen, jefe del departamento dedicado al cáncer de mama en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York.
Basándose en datos pertenecientes a 437 supervivientes del cáncer de mama, el investigador Kris McGrath comentó en diciembre que a las mujeres que utilizan desodorante al menos dos veces por semana y se afeitaban más de tres veces por semana se les diagnosticaba cáncer de mama casi 15 años antes que a aquellas que no se afeitaban o no utilizaban antitranspirantes (Eur. J. Cancer Prev. 12, 479-485; 2003).
"Una explicación posible es que las sales de aluminio que contienen los desodorantes pueden entrar en la piel afeitada y alterar el ADN", según McGrath, jefe de departamento de Alergología e Inmunología en el hospital St. Joseph de Chicago. "Los estudios sobre animales indican que el aluminio puede circular por el cuerpo y aparecer en el cerebro y en la leche materna", añade.
"Los datos obtenidos con animales pueden contribuir a formar una hipótesis, pero no pueden utilizarse como prueba a menos que también se observen en humanos", advierte Wendy Chen, oncóloga y epidemióloga de la Facultad de Medicina de Harvard. "Este estudio tiene otras limitaciones, como la pequeña cantidad de muestras recogidas y la falta de controles adecuados", según Chen. "Al no incluir a mujeres que nunca hayan padecido cáncer de mama, lo único que demuestra el estudio es que las mujeres que utilizan desodorantes con mucha frecuencia son más jóvenes", comenta.
"Este estudio es especialmente pobre," dice Michael Thun, jefe de investigación epidemiológica en la American Cancer Society. "Para empezar, el análisis no controla [el índice de masa corporal], el uso de hormonas tras la menopausia y la edad a la que se tuvo el primer hijo."
El segundo estudio, publicado en enero, afirmaba que también se encontraron los conservantes denominados parabenes, que como es sabido imitan al estrógeno, en tumores mamarios (J. Appl. Toxicol. 24, 5-13; 2004). Sin embargo, los estudios llevados a cabo con animales sugieren que los parabenes deberían ser aproximadamente de 500 a 10.000 veces más potentes para equipararse al estrógeno oral.
"La mera presencia de parabenes en los tumores no significa nada", dice Borgen. "Como los tumores mamarios son altamente vasculares, es muy posible que contengan rastros de todo lo que circula por la sangre", afirma. "Si pusiéramos un contraste azul en una vena del pie y extirpáramos un tumor mamario, estaría azul," dice Borgen. "Nadie extraería a la conclusión de que el contraste azul fuera el causante del cáncer."
Aparna Surendran, Nueva York
Nature Medicine, Volumen 10, Número 3, Marzo de 2004


